Por Sergio Redondo de EntreParéntesis

Vivimos en una época en la que estamos controlados por una gran tirana: la notificación. Y es que es un hecho que el smartphone se ha convertido en un instrumento esclavizador, consiguiendo que apartemos la atención de lo que estemos haciendo para echar un vistazo a ver qué nos trae de nuevo la lucecita intermitente o el sonido de aviso de rigor. Estamos inmersos en la era de la tiranía de las notificaciones.

¿En qué nos afectan las notificaciones? Lo bueno y lo malo

Las notificaciones las podemos ver desde dos ángulos distintos.

Por un lado, no podemos negar que las notificaciones, de todo tipo, nos ayudan a organizarnos mejor y a no perdernos nada. Pensad si no en lo importante que es, por ejemplo, y aunque nos apartemos del mundo digital, el timbre de aviso al terminar la cuenta atrás del temporizador de nuestro microondas…

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