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El último deseo de Steve Jobs

Medvedev and Steve Jobs
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Quiero que mis hijos me conozcan antes de que sea demasiado tarde

El biógrafo del fundador de Apple, Walter Isaacson, cuenta en varios medios de comunicación que visitó a Jobs hace unos días, y que le encontró doblado de dolor en una habitación del a planta baja de su vivienda, porque ya no podía subir escaleras. A pesar de su situación, mantuvo en todo momento su espíritu bromista y vibrante. “Su cerebro a pleno rendimiento y su humor burbujeante” comenta Isaacson.

Al contrario de lo que venía siendo habitual en su comportamiento, manteniendo su vida privada recluida al margen de la pública, había decidido cooperar con su biógrafo. El motivo lo desvelaba el propio Jobs “quiero que mis hijos me conozcan, porque no siempre estuve ahí, cuando ellos me necesitaban, y quiero que lleguen a comprender por qué lo hice, por qué dediqué tanto tiempo al trabajo”.

Steve Jobs, que murió esta semana a los 56 años, dejó a su esposa, Laurene Powell, a los tres hijos que tuvo con ella, Eve, Erin y Reed, y a una hija de 33 años llamada Lisa Brennan-Jobs, cuya madre es una exnovia de su época del instituto. Durante muchos años, Jobs negó esa paternidad, incluso presentando en el juzgado documentos médicos que acreditaban que era estéril y que era imposible que pudiera haber procreado a esa niña. Años después solventó los malos entendidos con su hija, y hoy es una más de los beneficiarios de los casi siete mil millones de dólares en lo que se estima su fortuna.

Su gran amigo Robert Iger, jefe ejecutivo de Disney Pixar, la compañía que también creó Jobs, cuenta que “Steve sabía que su tiempo en esta tierra era limitado. Quería el control de lo que hacia basado en las decisiones que tomaba. Cuando le preguntó si le hacía feliz haber tenido hijos, él me contestaba que era con mucha diferencia, lo mejor que había hecho en su vida“.

Fuente: CadenaSer.com

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Steve Jobs deja un inconmensurable legado tras su muerte

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Image via CrunchBase

Frente a las oficinas centrales de Apple en Cupertino tres banderas: una estadounidense, una del estado de California y la de Apple, ondeaban a media asta el miércoles por la noche.

Cupertino.- Steve Jobs quien como fundador y director de Apple Inc. fue el primero en introducir artefactos que transformaron la tecnología de todos los días, desde la computadora personal hasta el iPod y el iPhone, falleció el miércoles, informó la compañía. Tenía 56 años.

El mundo perdió a un protagonista, con un don por lo dramático -siempre hubo “una cosa más”- a un hombre carismático y expresivo, un vendedor por naturaleza y un oráculo de su industria que parecía intuir las necesidades de los consumidores antes que ellos mismos lo supieran, informó AP.

“Nos entristece profundamente anunciar que Steve Jobs falleció hoy”, dijo la empresa en un escueto comunicado, sin mencionar una causa en específico. Murió en paz, dijeron en un comunicado sus familiares que estuvieron con él a la hora de su muerte.

“La brillantez, la pasión y la energía de Steve fueron la fuente de incontables innovaciones que enriquecen y mejoran todas nuestras vidas”, expresó Apple. “El mundo es inconmensurablemente mejor debido a Steve”.

Su padecimiento

Sufrió de cáncer desde el 2004 y recibió un trasplante de hígado a comienzos del 2009 luego de tomarse una licencia laboral por problemas de salud que no fueron mencionados. En enero se tomó otra licencia -la tercera de que comenzaron sus problemas de salud- y renunció como director hace seis semanas. Jobs fue el presidente de Apple y le entregó la dirección al sucesor que designó, Tim Cook.

Jobs se tomó una licencia médica de medio año desde enero del 2009, durante la cual tuvo el transplante hepático. Apple no informó la cirugía en ese tiempo; dos meses después, el diario The Wall Street Journal reportó la operación, y un doctor la confirmó en el hospital del transplante.

En enero del 2011, Jobs anunció otra licencia médica, la tercera, sin duración determinada. Regresó a la luz pública brevemente en marzo para presentar personalmente la segunda generación de la iPad.

En el 2005, después de luchar contra el cáncer, Jobs pronunció el discurso inaugural del nuevo lectivo en la Universidad de Stanford.

“Recordar que pronto estaré muerto es el instrumento más importante que jamás he encontrado para ayudarme a tomar las mayores decisiones en la vida”, dijo. “Porque casi todo -todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso-, esas cosas menguan ante el rostro de la muerte, dejando solamente lo que es verdaderamente importante”.

La noticia que los seguidores y accionistas de Apple nunca quisieron conocer llegó un día después de que Apple presentó su nueva versión del iPhone, que es sólo uno de la serie de dispositivos que transformaron a la tecnología y a la sociedad mientras Jobs dirigía la compañía.

No pasó mucho tiempo para que las personas que amaron sus iPhones, iPods, iPads y Macs comenzaran a reunirse para mostrar su respeto al hombre que hizo que todo fuese posible.

Scott Robbins, un peluquero y adepto de Apple durante casi 20 años, acudió a la tienda de la marca en San Francisco tan pronto como escuchó la noticia del fallecimiento de Jobs el miércoles por la tarde.

“Para algunas personas, es como Elvis Presley o John Lennon, es un cambio en nuestro tiempo”, dijo Robbins, de 34 años. “Es el fin de una era, de lo que hemos conocido que sería Apple. Es como el fin de los innovadores”.

Frente a las oficinas centrales de Apple en Cupertino tres banderas: una estadounidense, una del estado de California y la de Apple, ondeaban a media asta el miércoles por la noche.

“Aquellos que fuimos lo suficientemente afortunados para conocer y trabajar con Steve hemos perdido a un querido amigo e inspirador mentor”, escribió Cook en un correo electrónico a los empleados de Apple.

“Steve deja detrás una empresa que sólo él pudo construir y su espíritu será por siempre el cimiento de Apple”.

El camino que lo llevó a Apple

Jobs comenzó Apple con un amigo de la secundaria en un garage en Silicon Valley en 1976, fue obligado a dejar la empresa una década después y en 1997 regresó a rescatar a la compañía.

Durante su segundo periodo se convirtió en la empresa de tecnología más valiosa en el mundo con un mercado que ascendía a los 351.000 millones de dólares. Casi toda esa riqueza se amasó a partir del regreso de Jobs.

Jobs fue un pionero en la transformación de la computadora: de una curiosidad fabricada por jóvenes aficionados a un artefacto doméstico de primera necesidad, aunque sus computadoras Macintosh eventualmente perdieron casi toda su participación de mercado ante las PC que contaban con el sistema operativo Microsoft Windows.

Guió a Apple, convirtiéndola de una empresa rudimentaria de dos empleados en un gigante del Valle del Silicio, especialmente después del lanzamiento de la Apple II, la primera computadora de uso masivo. Su surgimiento hace 30 años obligó a IBM Corp. y a otros competidores a esforzarse por igualarla.

Solía subir al escenario en las ferias y eventos de Apple en jeans, zapatos deportivos y suéteres negros, hechizando a la audiencia con sus más recientes innovaciones y concluyendo siempre con una presentación final precedida con la frase: “Hay un asunto más”.

Su insistencia en la estética minimalista, el diseño cuidadoso y el uso de materiales de alta calidad hizo que los artefactos de Apple sean calificados como de alto calibre. También justificó los altos precios, aunque eventualmente la competencia le obligó a bajarlos.

En una entrevista para un documental transmitido en 1996 por la televisión estadounidense, Jobs recordó cómo creció en la década de 1970 y cómo su generación prefería la poesía en lugar de las finanzas. “Creo que eso fue maravilloso y creo que ese mismo espíritu puede ser introducido en productos, y que esos productos pueden ser vendidos a gente que apreciará ese espíritu”, comentó.

Emocionalmente inestable

En privado, sin embargo, otros lo calificaban de jefe autoritario y errátil que hacía exigencias irrazonables y humillaba a sus empleados. Su biógrafo Alan Deutschman lo calificó de “emocionalmente inestable y excesivamente errátil”.

En su vida personal, Jobs negó por dos años ser el padre de Lisa, quien fue hija de su novia Chrisann Brennan y que nació en 1978. Años más tarde, bautizaría a un modelo de computadora con ese nombre.

El carisma y fortaleza de Jobs parecían invencibles. Uno de sus ingenieros comentaba que en su presencia se creaba un “campo de realidad distorsionada” porque, en persona, era capaz de convencer a cualquiera sobre cualquier cuestión, aun cuando uno volviera a discrepar en cuanto él se iba.

Steven Paul Jobs nació el 24 de febrero de 1955 en San Francisco, hijo de Joanne Schieble -para entonces una estudiante de posgrado soltera- y Abdulfattah Jandali, un estudiante originario de Siria. Fue entregado en adopción a Clara y Paul Jobs, quienes alentaron su afición por la electrónica. Se graduó de la secundaria en 1972 y se inscribió en la universidad Reed College en Portland, Oregón, pero pronto abandonó los estudios.

Le sobreviven su hermana Mona Simpson, su hija Lisa Brennan-Jobs, su esposa Laurene Powell y sus tres hijos Reed, Erin y Eve.

Fuente: El Universal

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